miércoles, 13 de abril de 2011

Fotografiando el pito real, Picus viridis

Igual que me planteé ir a la búsqueda del chotacabras, esta vez lo he hecho con el pito real Picus viridis. Se oyen muchos en el Coto de los Cuadros (Murcia), así que era cuestión de observar los lugares que frecuentaban y desplazarse con el equipo a la zona. Siempre he ido andando o en bici al lugar elegido para fotografiarlos, intenté acceder en la moto para no ir cargado con la cámara, red de camuflaje y trípode (que hacen unos 5 kilos sin contar la pesada mochila de piel). Nada, todos los caminos por los que tenía planeado acceder estaban con cadenas de granjas particulares, los otros son aptos para bicis o motos todoterreno. Sufrí el paso de cientos de abejas que se desplazaban como locas con el aire y tuve que dejar la moto y cargar con todo hasta el lugar. Así que tuve que andar los siete kilómetros con un desnivel de 180 m y cargado. Nada más llegar e instalarme apareció un pito hembra, pero me estorbaba una rama de palmera que se movía con el aire y me tapaba la cola.



Me desplacé un poco y ya pude hacer las fotos, primero a la hembra, que tiene los bigotes negros e introducía medio cuerpo en el agujero. Se fue y luego vino el macho, que lleva una mancha roja central en los bigotes.



Finalmente los dos.


Todo esto ahuyentados por un par de ciclistas solitarios de los que se mueven por el Coto Los Cuadros que ni se percataron de mi presencia y eso que uno de ellos paró justo a mi lado a hidratarse y descansar un rato (seguro que si le digo algo se da un pasmo). Una hora y media fue suficiente para fotografiar los pitos. Supongo que estarían alimentando a la nidada, pero no se oía nada desde el agujero en la palmera. Muy cerca dos mochuelos maullaban, también muy cerca cinco pitos reales en unas pitas y un cuco. También pasaban muchos carboneros cantando chin-chin-pum chin-chin-pum alegremente.

A la caza fotográfica del Caprimulgus ruficollis, chotacabras pardo.

El martes 24 de agosto de 2010 me propuse fotografiar por primera vez el chotacabras pardo, Caprimulgus ruficollis. En nuestros paseos por los campos de La Alcayna y coto Los Cuadros, observamos y oímos muchos al anochecer, momento en que salen a buscar polillas. Curiosamente este es el ave que dedica menos tiempo a la alimentación. Suele posarse en medio de los caminos y alza un vuelo corto en busca de palomillas para volver a un sitio próximo a donde estaba.
Equipado con la Nikon D700 y un 300mm, así como con varios flashes (y por supuesto "mi señora", acompañante incondicional en estos menesteres) me voy a un camino en estos campos de secano abandonados y monte bajo. Situé los flashes en soportes, siguiendo el camino para poder alumbrar un buen trecho del camino donde días antes los había visto a la vuelta de un paseo posarse en repetidas ocasiones. También una luz para alumbrarlos y poder enfocar el tele y una banqueta plegable para permanecer a la espera. Inmediatamente, el campo nos deleita con sonidos de alcaravanes, mochuelos, chotacabras, ranas y grillos. Hace su aparición el chotacabras, pero pasa un coche y no lo vemos más. Al poco se dejan de oír todos los sonidos, sólo veo un murciélago y oigo su aleteo al pasar. La luna, prácticamente llena, ilumina demasiado; los mosquitos –no había contado con ellos– nos acosan; agazapado junto a unas ramas pienso en las garrapatas que se nos han pegado en excursiones en días anteriores en ese lugar.
Nada de nada. Fracaso total, ni el intento de una sola foto.
Cuando se vuelve insoportable la estancia a causa de los mosquitos, nos damos la vuelta y emprendemos la retirada:
Helo ahí, el cabrón, en mitad del camino, a nuestras espaldas.
Tiemblo de emoción y a pulso realizo algunas fotografías.
















 Un kilómetro más adelante me encuentro una pareja sobre un camino de asfalto. Puedo hacerles alguna foto. Al final, me dejan acercarme bastante, incluso no puedo enfocarlo tan de cerca al llevar el tele preparado para autofoco a partir de una distancia mínima buscando más rapidez de enfoque. Con la emoción se me olvidó sacar el trípode; todas las fotografías están hechas a pulso, de noche, a partir de las 22 h 30 min.







Al final, la sesión de caza fotográfica, dio mejor resultado del que esperaba. Estoy satisfecho de mi primer intento de fotografiar al chotacabras.